Riqueza y destrucción, la dualidad del oro en Marmato 

29 septiembre, 2017 by Wilton Holguin Rotavista

La vida de Yamil Amar gira alrededor del oro, el civismo y Marmato. Esta es la historia de un hombre que lucha por su pueblo y la historia de un pueblo que no quiere desaparecer. Reportaje.

Fotografías por Luis Suárez

Ilustración por Sebastián Serna Muñoz

A Marmato se llega por una carretera en zigzag, pavimentada hasta el Llano y destapada hasta el Marmato histórico. Mientras se asciende, la montaña que sostiene las casas que hacen Marmato, se muestra más imponente y deteriorada. Desde lejos, el ruido de la maquinaria pesada y el olor a industria anuncian que pronto se va a llegar. En Marmato no todo brilla, pero todo es oro.

Marmato está ubicado al noroeste del departamento de Caldas, a 92 kilómetros de Manizales y a tres horas de Medellín, su nombre deriva de la palabra ‘marmaja’, un mineral macizo que, por su similitud física con el oro, se le dice el oro de los tontos. ‘El Pesebre de Oro’, como también se conoce a Marmato, es Patrimonio nacional.

Por el oro de Marmato vinieron los españoles, los ingleses, los sirios, los franceses y los libaneses. Ahora, se lo disputan entre compañías extranjeras que quieren tumbar la montaña y pequeños mineros que defienden sus derechos. Si Marmato existe, es por las confrontaciones judiciales y por las acciones colectivas que han dejado de herencia varios líderes sociales.

Un hombre que lucha por su pueblo

En el pueblo todos saben quién es Yamil. Preguntar por él en la Plaza principal de Marmato, convierte al visitante más desconocido, en un marmateño más, los pobladores saben dónde pasa su tiempo libre y también saben su número celular. Sin preguntar, las personas que transitan por la plaza principal, cuentan algunas cosas que ha hecho por Marmato.

Yamil Amar Cataño nació en este lugar hace 78 años. De madre riosuceña y padre libanés, su herencia árabe lo convierte en un mestizo más. Su rostro y sus párpados caídos evidencian cansancio, pero siempre está listo para hablar bien de Marmato.

“El oro sirve es por su capacidad de conservación”, afirma Yamil mientras se acomoda en la silla de una cafetería.

Desde hace 700 años, los pobladores de la región han creado a partir de la riqueza del subsuelo sus valores como comunidad, sus imaginarios culturales y sus proyecciones económicas, razones que le valieron en 1982 la declaratoria de Patrimonio Histórico Nacional.

Los indígenas prehispánicos utilizaban el oro para representar sus manifestaciones culturales, en muchos territorios el oro era el centro de sus creencias. Eso explica por qué, cuando los españoles llegaron a Marmato, la tribu indígena Cartama ya lo extraía, pero en la actualidad es usado como referencia en las transacciones monetarias internacionales por ser muy resistente a la corrosión y a la oxidación. De 118 elementos químicos de la tabla periódica, solo el oro cumple con las condiciones necesarias: ser escaso, poder almacenarse, transportarse, identificarse y no es tóxico.

Por cuestiones de la vida, más que por voluntad de sus padres, Yamil no se trasladó a otro municipio a hacerse profesional, pero con su abuelo, comenzó a alternar sus horas entre la educación y las primeras gestas cívicas, la edición del periódico El Hueso.

– Desde joven fui inquieto, tenía un periódico, se llamaba ‘El Hueso’. El periódico lo habían sacado en 1940 y pararon, yo en 1965 con el mismo mimeógrafo lo volví a sacar, yo ahí escribía artículos, me enviaban materiales de varias partes, así me fui iniciando en las cuestiones cívicas.

Entre 1990 y 1992, Yamil Amar fue alcalde de Marmato, que para ese entonces era más una montaña con iglesia que un pueblo.

-Después de ser alcalde, me fui asociando con otros líderes cívicos y gestionamos el colegio, yo me hice bombero con otros compañeros para impulsar el Cuerpo de Bomberos y también jugamos fútbol para estimular la construcción del estadio.

La pugna contra las multinacionales y el Gobierno Nacional, han obligado a los marmateños a confrontar al Estado en varios frentes, y esto le ha enseñado al pueblo que la mejor manera de luchar es unidos. En Marmato es muy común encontrar todo tipo de asociaciones, y por momentos pareciera ser que la vida se les dificulta de manera individual: desde pequeños mineros, Asomitrans, hasta el servicio de mensajería, asomensajeros, todo es asociaciones o comités.

El Comité Cívico Pro-defensa de Marmato es una asociación que lidera Yamil Amar, creada con el fin de defender a Marmato de las multinacionales que llegaron al pueblo, la asociación ha estado en el frente de lucha por varios años y ha logrado entre muchos cosas, que Marmato siga siendo el pueblo para los marmateños.

– La asociación se creó en 2011, hemos hecho muchas cosas, pero sobre todo no dejarnos sacar de nuestro territorio, cuando la multinacional llegó no tenía leyes, llegaban en helicópteros algunos socios y aterrizaban en la vía principal, eso significaba cierres de hasta dos horas. Quedábamos desconectados. El comité dijo no más y logramos que esto parara.

Las manifestaciones

En julio de 2013, los mineros del país pararon sus actividades para protestar por las promesas incumplidas del gobierno nacional y por el Decreto 2235 que autorizaba la destrucción de maquinaria pesada utilizada en actividades de explotación de minerales por parte de la fuerza pública sin autorización, en Buenaventura y Marmato el paro se vivió intensamente, especialmente por el taponamiento de las vías principales que comunican al puerto con las grandes ciudades del país.

“En Marmato decidimos apoyar el paro minero y nos trasladamos para la entrada del pueblo, llevamos ollas, comidas y hasta se hizo un campamento, pero el gobierno hacía como si no pasara nada, entonces se hicieron taponamientos intermitentes, los camiones nos dejaban panela, la solidaridad aumentó, todo iba bien hasta que el Gobierno autorizo al ESMAD para levantar el paro, muchos mineros se atrincheraron hacia la montaña y pusieron a rodar piedras contra las tanquetas, hubo mucha confusión, pero después se logró negociar”, recuerda Yamil antes de que lo interrumpan para recordarle una reunión en la alcaldía.

Antes de despedirse, habla sobre lo que viene para el Comité Pro-defensa de Marmato con la sentencia que favorece a las minorías étnicas:

“La Sentencia Unificada N° 133 de 2017 permite que la comunidades indígenas y afros decidan sobre la explotación del recurso en su territorio, para eso se está preparando una consulta popular y sobre esto vamos a hablar en la reunión”.

Las consultas populares

Las consultas populares en el país fueron posibles cuando la Corte Constitucional en febrero de 2016 anuló seis artículos del Plan Nacional de Desarrollo, desde entonces, los partidos políticos y varios líderes sociales han  promovido consultas para frenar la megaminería. Hasta la fecha están pendientes en Colombia 43 consultas, y 10 poblaciones prefirieron los recursos naturales que los económicos, sin embargo el ministro de Minas y Energías, Germán Arce y el ministro  de Hacienda, Mauricio Cárdenas, se comprometieron con el gremio de generadores de energía de proponer ante el Congreso, una medida que frene la proliferación de consultas populares.

“Hay desilusión en las comunidades que viven en territorios potencialmente mineros, preocupación en las organizaciones defensoras de los derechos humanos y el malestar se extiende a todos los ambientalistas”, dijo el abogado Javier Caicedo, defensor de las comunidades indígenas de San Lorenzo en Riosucio y asesor del comité Pro-defensa de Marmato, después de enterarse de las intenciones del Gobierno Nacional.

Mientras en Bogotá buscan medidas para frenar estas consultas por derecho constitucional, en Marmato la mayoría de las personas usan botas de caucho y siguen su rutina normal. El sol comienza a descender y el cielo a oscurecerse, algunas minas no paran, los carros siguen transportando material, y las potentes luces se encienden. Solo cuando el visitante se aleja del pueblo en la noche, entiende por qué se le conoce a este como ‘El pesebre de oro’.

Es claro y es evidente, el problema en Marmato es su riqueza.

 

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