Las cometas, el hilo entre el cielo y las personas

11 septiembre, 2017 by Erika Pinilla Montes

Agosto, ese mes donde cientos de personas se reúnen entorno al tradicional entretenimiento de elevar cometa. Contamos algunas historias alrededor de esta divertida actividad. #GenteAlternativa

Ilustraciones por Sebastián Serna Muñoz

“Ya en el aire se ven mil fulgores

que iluminan el cielo azulado,

ya relucen variados colores

como cuento de hadas pintado” .

Versos al vuelo de Rafael Humberto Lizarazo.

Agosto es conocido por sus vientos y los rectángulos de colores que se elevan en el cielo. Bajo el firmamento, las sonrisas y manos de niñas/os sueltan el hilo poco a poco mientras las cometas acarician las nubes.

Existen múltiples formas y materiales para crear una cometa, desde plástico, papel, palos de madera, trozos de caña, hasta bambú. También existen muchas historias detrás de estas:

Fernando Grisales Espinoza tiene 66 años, de esos ha volado cometa por cinco décadas. Su piel morena devela una sonrisa cada vez que tiene a su cometa en sus manos y habla de su pasión por ellas.

Nacido en Quinchía, Risaralda, pero riosuceño de corazón, cada año en agosto hace cometas en gran formato con fibra y guaches (caña brava), material que también se utiliza para hacer cometas pequeñas. Le gustan las cometas en forma de rombo, sin embargo, este año creó un octágono gigante con una estrella verde que pilotea en una cancha al aire libre en Riosucio.

“Las cometas son la felicidad, es un hobbie y lo paso agradable”, cuenta con el hilo en sus manos. Le gusta remembrar sus historias con este papalote, como se le conoce en países como México y Costa Rica, cuenta que muchas veces se le han escapado cometas y le “toca correr a alcanzarlas”.

Fernando corre por toda la cancha y jala el hilo, haciendo que su cometa volee su cola cada vez más alto. Para y se pasa el brazo por la frente para secar el sudor. “Eso es un deporte porque prácticamente le sirve a uno para la agilidad y todo”. Y tiene razón, ya que desde 1980 se hacen competencias de vuelo de cometas en las que principalmente participan personas adultas.

Las cometas que pagan el pan

Como Fernando, hay muchas personas que dedican gran cantidad de tiempo a las cometas, pero en este caso para fabricarlas y venderlas. Más que elevar cometas, Saúl Henao Hernández se ha dedicado a crearlas y distribuirlas a rostros alegres en Chipre por más de 30 años. Junto a su familia colorean cada agosto la avenida principal de este sector con rombos en las calles y colas que esperan el vuelo.

Saúl aprendió a hacer cometas por su suegra, quien además le enseñó a sus hermanos e hijos a valerse a través de estas voladoras. Cuenta que para hacer las cometas: “Primero hay que hacer los palos de madera o de guadua. El plástico lo traen desde Bogotá con las figuras, y las colas de las cometas sirven para que se estabilicen”.

Según este vendedor, con el transcurso de los años el negocio “va mermando, ahora es muy duro pa’ vender”. Hace varios años llegó a vender $500.000 en cometas en el mes de agosto, ahora no llega a los $200.000.

Otra comerciante de cometas es Diana Carmona, una joven de mirada alegre que aprovecha los espacios abiertos e increíbles vistas de Chipre para repartir papalotes. Cuenta que las hay de distintos precios desde $2.000 hasta $5.000, dependiendo su tamaño y el diseño que tengan. Las más vendidas son las que tienen forma de rombo y con dibujos animados conocidos por los más pequeños.

No sólo las niñas y los niños vuelan cometas: “Han venido personas adultas y también les gusta, se animan al ver que acá se vuela mucho cometa y hay mucha gente”, dice Diana. Esta joven vende alrededor de 15 cometas en el día, pero si es fin de semana puede llegar a vender más de 30.

Cada año, como celebración del mes de los vientos, se realizan fiestas como el Festival del Viento y las cometas en Villa de Leyva, además de ferias de cometas en barrios de la ciudad y municipios como Chinchiná y Villamaría. Aunque el mes más conocido para volver cometa es agosto, se puede hacer en cualquier momento, y en lugares preferiblemente abiertos, altos y ventosos como descampados o montañas, en las que las cometas no se queden atoradas en árboles o cables.

ESCRITO POR Erika Pinilla Montes
Amante empedernida de las letras, las notas y las sonrisas. Mis terapias son el cine y la música
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