La comunidad Embera está de fiesta: comenzó un nuevo año

29 Junio, 2017 by Esteban Hoyos

El solsticio marca un nuevo año para las comunidades indígenas Emberá-Chamí de Riosucio. Sus rituales de bienvenida no pudieron ser más reconfortantes y enriquecedores.

En algún lugar remoto de Riosucio, en medio de las montañas que rodean el centro poblado del resguardo indígena San Lorenzo, miembros de la comunidad desenterraron un sauce de aproximadamente 20 metros de alto, tan fuerte como cualquier árbol selvático. Hasta allí la hazaña no marcaba ningún heroísmo ni autenticidad. Fue después, cuando la comunidad indígena se unió para cargar el sauce en sus hombros y trasladarlo de una montaña a otra con el fin de enterrarlo en un cerro al pie del poblado, e inaugurar la segunda Fiesta de la Memoria en este sagrado lugar.

Sobre las diez de la mañana del 20 de junio, comenzó una caminata montaña arriba en forma de desfile, con un estandarte sostenido por las cuatro puntas como símbolo de la casta indígena que una noche atrás había sido pintada por jóvenes portadores de la sangre Emberá-Chamí, y otros acompañantes. El acto sagrado que posteriormente se desarrolló en el cerro, fue precedido por los mayores indígenas y médicos de la comunidad.

Sobre la punta superior del sauce se aseguró el estandarte y todos los presentes nos dispusimos a agarrar las sogas que estaban amarradas al follaje, de forma que, al halar en conjunto con los presentes, se ubicara el árbol en el espacio que fue dispuesto para plantarse nuevamente. Tal como los mayores lo habían deseado, la corteza no sufrió ninguna alteración, puesto que esta tiene propiedades curativas, y el objetivo era conservarlo intacto. Para hacerse una idea de las bondades de su superficie, el sauce es materia prima de la aspirina, medicina occidental que nada tiene que ver con las creencias indígenas.

Una vez se plantó el árbol y se irguió el símbolo, comenzó el ritual acompañado de música y danza indígena, medicinas ancestrales a base de tabaco y bebidas preparadas con caña y maíz. Fue después de la ceremonia que nos enteramos que esta montaña ubicada al pie del centro poblado se eligió para bautizarse como el cerro sagrado Virrua, cuyo significado emberá traducido es “Tierra de venados”.

“Vamos a pedir permiso a los cuatro puntos cardinales, a las cuatro sagradas direcciones, y especialmente por los líderes que fueron masacrados, por aquellos ancestros que dejaron en nosotros un gran pensamiento plasmado en su corazón y su mente”, estas palabras, dichas por el mayor indígena que dirigió la ceremonia, condecoraron con honor el bautizo de recinto sagrado, como homenaje a los caídos en la lucha política y social que tanto han encausado los movimientos indígenas del país por su soberanía y reconocimiento.

La noche fue testigo del segundo ritual que conmemoraba la llegada del nuevo año con el solsticio de verano el miércoles 21 de junio, momento único en que el sol se aleja un poco más de la tierra, el día se extiende unos segundos, y las comunidades indígenas inician otra época. Desde la noche anterior en los cinco cerros sagrados del territorio, se celebraron rituales que culminaron con el despertar del sol, a través de la velación del fuego en pleno amanecer, lo que, según las tradiciones ancestrales, ayuda a equilibrar las cargas energéticas del resguardo.

El segundo día de la Fiesta de la Memoria estuvo compuesto de actividades de participación colectiva. Inició la mañana con un desfile integrado por niños de las escuelas, jóvenes y adultos. Tal como el año pasado, en esta ocasión se logró evidenciar con mayor presencia a las personas que integraban las danzas y cantos, sobre los pocos espectadores que presenciaban esta irrupción en la cotidianidad del resguardo.

Dicho furor posteriormente los llevó a inmiscuirse en un profundo rezo espiritual en el que agradecieron a la madre naturaleza y todas sus bondades por permitir la fecundidad, tanto de lo seres humanos como las demás especies sobre la tierra. El recinto fue sede de actividades familiares, juegos infantiles, deportes tradicionales, e incluso un almuerzo comunitario para todos los asistentes: el tradicional sancocho.

La tarde fue cayendo y con ella las últimas actividades. El cierre, o más bien el inicio del año, se llevó a cabo con una danza de hermanamiento, en donde toda la comunidad participó al ritmo de instrumentos de madera propios de la región, música andina y las bebidas típicas como guarapo y tapetusa.

Después de una extensa jornada cargada de sincretismo cultural, reflexionamos sobre la importancia de hacer memoria en un país que atraviesa un momento tan complejo como es la solución de conflictos internos. “A aquellas generaciones más jóvenes queremos demostrarles que hay un proceso cultural importante de nuestra comunidad, y que debemos conservar todos esos usos, y tradiciones”, con estas palabras, Maye Diaz, miembro de la organización del evento, caracterizó el objetivo de esforzarse por trabajar para las futuras generaciones, en quienes recae la posibilidad de construir un mejor futuro y país.

Como dirían nuestros mayores, ¡Qué vivan los pueblos indígenas! 

ESCRITO POR Esteban Hoyos
Escritor de mundos reales e imaginarios. La música, el cine y el teatro se han convertido en la inspiración de mis más grandes anhelos.
DEJA UN COMENTARIO

*

UN COMENTARIO
  • Juan Manuel Andrade
    2 Julio, 2017 / Responder

    Vivimos tan deprisa que nos hemos; olvidado de disfrutar la vida de sentirla de escucharla de contemplar la magia de nuestra madre tierra sintamos su aroma Observemos su belleza y su gran riqueza